Cerrajero 24 horas pineda de mar, Historias de seguridad - Cerrajeros pineda de mar

Cerrajero 24 horas pineda de mar, Historias de seguridad

Esta historia que les traigo hoy que quizás no suena como un relato típico de un cerrajero 24 horas pineda de mar, pero al final verán la relación y la moraleja de la historia (que si que la tiene, si no no sería tan buena historia).

Hace unos años atrás mi tía, a la que llamaremos tía concha para no herir susceptibilidades, como toda mujer, a pesar de los años tenía cierta vanidad y se iba a cortar el pelo para ir a una boda en otro pueblo, pero resulta que por las fiestas el salón de toda la vida se encontraba cerrado. La tía concha llamó a su peluquero de confianza el cual accedió a recibirla en su piso para un corte de cabello de emergencia, pero al decirle a la tía el costo del corte con la urgencia y las fiestas esta casi deja este mundo, tocó revivirla con sales aromáticas.

Los años le habían dejado a mi tía concha un severo caso de bolsillo estrecho, así que decidió buscar por su cuenta una oferta mejor más cercana al precio habitual o más barata de ser posible, por las molestias. Estuvo buscando y preguntando a cuanto vecino se le cruzaba por delante hasta que encontró al aprendiz de charcutero de la esquina, que dijo tener experiencia en cortes de cabellos, que siempre cortaba el suyo y el de su hermana.

El precio fue de risa, casi que un regalo y a la tía concha le encantan los regalos incluso más que los cerrajeros 24 horas pineda de mar. El chaval esa misma tarde puso manos a la obra, para darle a la tía ese sexy estilo veraniego que tanto se llevaba por esa época. Para no alargar el cuento de forma innecesaria, porque siento ya la ira de mi tía concha acercándose, no sabemos que es lo que el charcutero llama experiencia, puesto que lo que le hizo a la pobre tía constituye un crimen en algunas provincias.

La tía concha no tuvo más opción que ir a la boda donde no hubo sombrero ni mantilla que la protegiera de las miradas y preguntas indiscretas de todas las amigas de vieja data, además de ser retratada hasta el cansancio por toda la posteridad con el famoso corte charcutero. Pero al menos la tía aprendió una valiosa lección: siempre acude a los profesionales.

La idea de ahorrar unos duros es muy apetecible para muchos y casi obligatorio para otros cuantos, pero la verdad es que al reducir la calidad del prestador del servicio nos exponemos a grandes fallos en lo que recibiremos. Claro, por lo menos en el caso de la tía el resultado fue algo temporal y nada que atentara contra su vida (aunque si que tenía ganas de que la tragara la tierra) pero hay otros casos donde la ausencia de un profesional puede ser riesgosa en extremo, si lo sabré yo. Hablo por supuesto de la cerrajería.

Las cerraduras, llaves y candados son temas serios que deberían preocuparnos a todos ya que en muchos casos son el único elemento protegiéndonos de lo que hay allá afuera. El servicio de un falso peluquero solo nos traerá burlas temporales. Contratar a un cerrajero falso bien podría hacernos perder todo lo que tenemos, así sin más.

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